Anotaciones previas a una ilustración sobre Miguel Hernández


Lo que más llamó mi atención del poema Llegó con tres heridas de Miguel Hernández, fue su simplicidad formal. Tres heridas, tres estrofas de cuatro versos, tres versos que se repiten en cada una de ellas, tres alteraciones del orden de esos versos dentro de sus respectivas estrofas, tres tiempos verbales (pasado, presente y otro, por omitido, indeterminado), en definitiva la descripción de tres momentos en un camino (llegar, venir, estar/sentir) marcado por el dolor inevitablemente asociado a toda hérida. La insistencia repetitiva de los versos que desvelan la naturaleza de las heridas (amor, vida y muerte) aumenta el desgarro, la profundidad del corte, el abatimiento, el dolor.



En las dos primeras estrofas, Miguel Hernández utiliza la tercera persona como actor de las acciones "llegó" y "viene" para culminar en la última con un "yo" que se entiende (por elusión) "ahora" y "aquí". La intensidad del dolor no es sólo una cuestión de profundidad, también lo es de tiempo, de duración. El dolor del poeta viene de lejos, lo acompaña, está con él, está en él.

De la vida, del amor y de la muerte son las heridas, expone (exhibe) Miguel Hernández, son las parcelas de una dolorosa y terrible realidad que lo sume en el más profundo de los abatimientos. Años de guerra y muerte, tantas dramáticas ausencias, el sentimiento de derrota, la pérdida de su primer hijo, su encarcelamiento, la consecuente distancia impuesta que lo aleja de sus seres queridos. Demasiadas heridas, esas tres, y demasiado profundas para cicatrizar.


Primera aproximación para
un retrato de Miguel Hernández