Lectura peligrosa



Podríamos decir, atendiendo a la fotografía, que el posible peligro no es consecuencia de la lectura en sí misma; el riesgo cuando leemos se reduce casi siempre a un posible despeño diarreico de los que habitan por encima de nuestras cabezas. Fluye la mierda en el poder cuando éste se siente amenazado y parece que no hay mayor amenaza que el conocimiento.

Dicho con mejores palabras, las de Ricardo Menéndez Salmón que en cuentro en tiempodehoy.com: "Todo gran libro es, en ese sentido, una mala noticia para el poder, pues todo gran libro obliga a mirar de nuevo, a leer con otra lente distinta a la del ojo las imágenes cotidianas. Todo gran libro obliga a interrogarse, a cuestionarse, a hacer arqueología del propio deseo y de los propios miedos. Todo gran libro duele. Y el dolor demanda paciencia, esto es, tiempo. Alberto Manguel lo explicó con su habitual talento en Una historia de la lectura. Como el populismo quiere que seamos ignorantes señala al libro como un objeto superfluo; como el totalitarismo desea que no pensemos, prohíbe y censura la lectura. En ambos casos, el lector es tomado por un inútil y un delincuente. Populismo y totalitarismo alientan, pues, la aquiescencia, la docilidad, el consumo de narcóticos elementales. El corolario a esta evidencia es que leer se convierte, una vez más, en un acto subversivo, en una actividad peligrosa".

Lamentablemente, en Turquía, donde se realizó la foto que ilustra este texto, la censura y persecución de escritores, editores, medios de difusión y plataformas como internet están a la orden del día.