Long Wait, Barcelona

Una mujer enciende un cigarrillo frente a mí, otra acompañaba a su hijo en el camino hacia la escuela, un hombre espera apoyado en un buzón, otro lee el periódico sin dejar de caminar, una mujer extiende su mano para pedir limosna, un muchacho duerme en un sofá abandonado en la calle, una joven escribe una carta sentada en el suelo de un portal, ...

Todas esas escenas me acompañan, forman parte de mi paisaje cotidiano mucho más que los edificios y el tráfico. Decidir fotografiar esas personas desconocidas sólo es un intento sincero de conciliar la cámara fotográfica con mi mirada.

Sin embargo, el instante capturado nada tiene que ver con lo apreciado por la fugaz mirada. La cámara descontextualiza al sujeto fotografiado y construye una ficción a partir de una intemporal fracción de segundo congelada en la que el detalle adquiere una relevancia inesperada en el momento del disparo.

De alguna manera la cámara nos obliga a detenernos y a mostrar deferencia y respeto por todos esos instantes ajenos que ahora también sentimos nuestros porque, finalmente y en palabras de Forugh Farrojzad, "la vida quizá es una larga calle por la que pasa cada día una mujer con una cesta, quizá es la cuerda con la que un hombre se cuelga de un árbol. La vida quizá es el niño que vuelve de la escuela, quizá es ese cigarrillo que se enciende en la pausa entre dos abrazos o esa mirada absorta del transeúnte que se quita el sombrero y saluda: ¡buenos días! Con una sonrisa insignificante".